Shiraz: explosión para los sentidos

Dejé atrás Yadz y con entusiasmo aunque algo cansada después de unas siete horas en autobús llegue a Shiraz, la ciudad de los poetas, la literatura, el vino y las flores. Aun no lo sabía, pero esta ciudad, que también fue capital del imperio persa, despertaría mis sentidos y me sorprendería casi a cada paso. Disfrute muchísimo de los días que pasé recorriendo sus calles, sus numerosos jardines, sus bazares, su ciudadela y sobre todo sus lugares sagrados. Shiraz es sin duda una parada obligatoria en cualquier viaje a Irán para conocer una de las ciudades más alegres, amables y vivas del país. Una ciudad con una energía que atrapa y que consigue que no quieras marcharte del lugar, sino quedarte para seguir descubriéndola.

La mayoría de los iraníes sienten una admiración y un respeto profundos por los grandes poetas persas y visitar la tumba de Hafez lo demuestra. Es toda una experiencia mezclarse entre los cientos de familias iraníes que la visitan, palos de selfie en mano, luciendo grandes sonrisas para inmortalizar la tan especial ocasión. La tumba de este gran poeta persa que nació en Shiraz está rodeada de jardines con fuentes y miles de flores, una auténtica explosión de colores y aromas, que no te dejará indiferente. Otras tumbas como la del poeta Saadi también son muy famosas pero yo no llegué a visitarla.

Una de las grandes sorpresas que me ofreció la ciudad fue descubrir sus espectaculares mezquitas y mausoleos. Pese a lo que se pueda pensar desde el exterior, los iraníes en general son extremadamente abiertos y receptivos a que los turistas visiten lugares sagrados para ellos. Es cierto que en bastantes ocasiones esta oportunidad se paga cara (las entradas suelen ser mucho más caras para los extranjeros que para la gente local) pero no siempre es así. Para visitar uno de los lugares que más me fascinaron durante mi viaje por Irán, el mausoleo de Shāh Chérāgh, no tuve que pagar nada.

Visitar el mausoleo de Shah-e Cheragh fue una de las experiencias más increíbles de mi viaje por Irán. El mausoleo, lugar de peregrinación para miles de iraníes, acoge las tumbas de dos de los hijos de Musa al-Kadhim, el que fuera séptimo imán de los musulmanes chiíes. El complejo es monumental y majestuoso, una auténtica joya arquitectónica que hará que tu barbilla se descuelgue literalmente cuando contemples el azul de sus cúpulas, la geometría que decora columnas, techos y puertas y los cientos de miles de pequeños espejos que recubren las paredes del interior del mausoleo.

Las mujeres que quieran visitarlo necesitan llevar obligatoriamente un chador que te ofrecen en la entrada. Cuando entre me dieron un chador oscuro porque pensaban que era iraní, pero cuando se dieron cuenta de que no hablabla farsi me lo hicieron quitar con una sonrisa y en su lugar me dieron un chador blanco con florecillas para que me cubriera (todas las turistas llevaban uno similar para ser identificadas). No tuve que pagar nada por entrar y fui recibida con la mayor amabilidad y calidez. Pienso que merece la pena visitar el complejo a diferentes horas del día para simplemente sentarse y contemplar el ir y venir de la gente.

Una vez dentro del complejo uno de los guías oficiales se me acerco para que me uniera a un grupo de turistas y poder visitar el interior del mausoleo. Son estos voluntarios quienes explican la historia del lugar sagrado y su construcción, así como su uso actual (lo hacen de manera gratuita). Después de descalzarnos y antes de entrar separaron a hombres y mujeres (las entradas y lugares de rezo son independientes) y es difícil explicar lo que sentí en el interior.

Es cierto que el mausoleo es simplemente espectacular, tanto que uno no sabe bien hacia donde dirigir la mirada. Cada espacio, cada centímetro de cada techo y pared reclaman tu atención y te atrapan en una lucha constante por dar sentido a lo que se esta contemplando. Sin embargo, lo que más me impacto fue la energía del lugar y el hecho de poder estar allí, rodeada de mujeres musulmanas de todas las edades (desde ancianas que pasarían de los 90 años, hasta mujeres llevando en brazos a niñas muy pequeñas) y sentir su fervor religioso y su acogida. Fue algo muy especial sentirme recibida en un lugar sagrado para todas estas mujeres, verlas sentadas en el suelo sobre alfombras, intercambiar sonrisas, poder contemplarlas durante unos minutos leyendo el Corán, orando, emocionandose frente a las tumbas o sencillamente disfrutando de un tiempo de recogimiento en un lugar lleno de espiritualidad. Es una experiencia que me impresionó a la vez que hizo que surgieran en mi sentimientos contradictorios. Si vuelvo a Irán, regresaría sin dudarlo a este lugar.

Otro sitio muy especial que merece la pena visitar es la mezquita de Masjed-e Nasir-al-Molk, considerada una de las más bellas de todo el país. Aunque es más bien pequeña, verdaderamente está llena de armonía entre sus impresionantes y coloridos murales, llenos de dibujos y formas geométricas. Se recomienda visitarla pronto durante la mañana cuando la luz entra en la sala principal y hace que los colores de las fantásticas vidrieras se reflejen en el suelo formando un espectáculo maravilloso de contemplar y fotografiar. Fui hasta allí paseando y no se encuentra excesivamente lejos del mausoleo de Shah-e Cheragh. Unos 20 minutos andando creo recordar.

Shiraz es una ciudad muy agradable para pasear, al igual que Isfahán. Sin embargo, a mi me pareció que Shiraz tiene mucha más vida en sus calles, repletas de comercios, tiendas de comida, restaurantes con música tradicional en directo y pequeños mercados ambulantes de animales o artesanía. Además abundan los parques y jardines y los espacios amplios.

Fue un placer pasear por sus callejuelas y visitar sus animados bazares y sus numerosas atracciones turísticas que también incluyen los jardines Bagh-e Eram (protegidos por la UNESO), la mezquita de Masjed-e Vakil o el precioso mausoleo de Imamzadeh-ye Ali Ebn-e Hamze.

Por último, no hay que olvidar que Shiraz es la ciudad desde que la mayoría de turistas deciden visitar el complejo histórico de Persépolis. Existen otras opciones como ir directamente desde Yadz con un conductor privado y visitar Persépolis y la Necrópolis camino a Shiraz. Yo opté por viajar a Shiraz y utilizarla como base. Finalmente contraté un tour de medio dia desde el hotel donde me alojé, el Niayesh Boutique Hotel. Y lo recomiendo.