Teherán express: aterrizando en Irán

Fue un viaje relativamente corto. Madrid-Estambul (4h). Estambul-Teherán (3h). Y sin embargo ya en el aire pude sentir el peso de ese abismo cultural que nos separa del país al que estaba a punto de llegar. Pocos minutos antes de aterrizar todas las mujeres del avión sacamos un pañuelo y con un ligero juego de manos lo colocamos delicadamente sobre nuestra cabeza cubriendo la melena. Algunas con agilidad sorprendente, otras (como yo) torpemente y dejando entrever una mezcla de nerviosismo e incomodidad. No pude evitar sentir un halo solemne en todo aquel baile de brazos, que sin duda casi todas vivían como algo absolutamente rutinario y sin importancia. Durante los próximos once días este sencillo gesto pasaría a ser algo automático, casi diría intuitivo. El pañuelo me acompañaría en todo momento durante mi estancia en el país persa.

Llegada a Teherán: sorpresas varias

Decidí viajar con Pegasus Airlines, una aerolínea de bajo coste turca, precisamente porque tenía los billetes más económicos que encontré (unos 400 euros). Si no os importa viajar en unos horarios algo intempestivos es una fantástica opción. Mi vuelo se retrasó y aterrizamos en el Aeropuerto Internacional Imán Jomeini a las 4am. Después de recoger mi maleta busqué ansiosa un cartel con mi nombre ya que había apalabrado con el hotel que alguien me recogería. Lo temía. Lo intuía. No había nadie esperándome. Así que algo perdida, aún lidiando con el velo que me resultaba molesto, me dirigí a un mostrador para pedir un taxi.

Cual fue mi sorpresa cuando descubrí que las dos amabilísimas mujeres que trabajaban allí no hablablan inglés. Ni una pizca. Así que saqué la dirección de mi hostal en una libreta y utilicé el método de comunicación más antiguo y que nunca falla. Señalar con el dedo. Puede que la memoria me falle. Era tarde, estaba cansada y ansiosa por llegar, pero creo recordar que fueron unos 45 minutos de trayecto en taxi los que pasé hasta llegar a Teherán. El taxista, un hombre mayor lleno de redondeces y mirada penetrante, se comportó como un padre protector y cuando llegamos a la dirección, un callejón largo y oscuro, insistió en acompañarme hasta la entrada del hotel, llevarme mi maleta y hablar por el interfonillo con los encargados del hotel para que me abrieran. No intercambiamos más de cinco palabras pero ya entonces pude sentir la tán famosa hospitalidad iraní y la preocupación sincera por el viajero (sobre todo si eres mujer y vas sola).

¿Dónde alojarse en Teherán?

Decidí alojarme en el Khayyam Hotel principalmente porque fue el único hotel barato que me respondió por email al intentar reservar. Se encuentra al final de un callejón (no apto para asustadizos) de la calle de Amir Kabir St (cerca del más conocido Hotel Firouzeh) en la zona sur de la ciudad. Los encargados del hotel fueron muy agradables y la habitación era aceptable aunque bastante destartalada (individual con baño privado por 37$).

El hotel esta en una zona repleta de tiendas de neumáticos, talleres mecánicos y tiendas frecuentadas casi en su totalidad por hombres. Las calles rebosaban vida y ajetreo al más puro estilo indio. Eso si, tardé una hora larga caminando hasta que vi mujeres por la calle. Si bien es cierto que el norte de Teherán tiene otro ambiente y se ven muchas más mujeres por las calles y muchas solas, la parte sur es una buena zona para alojarse y explorar algunas de las grandes atracciones turísticas de la ciudad como son el Gran Bazar de Teherán (uno de los más grandes del mundo), el precioso Palacio de Golestan (también conocido como el palacio de las flores) o el Museo Nacional de Irán.

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Primeras horas en Irán

Lo primero que hice aquella mañana fue cambiar euros por Riales iraníes. Desde la calle del hotel hay que seguir hacia la plaza de Imam Khomeini para luego subir por la calle Ferdosi St que es donde están todos los comercios de cambio de divisas. Es una calle larguísima, llena de opciones donde cambiar dinero. Yo la subí entera hasta la estación de metro Ferdowsi. Durante ese trayecto y girando a la derecha por la calle Berlan Alley hay muchos comercios de ropa para mujer. Como hacía tanto calor yo me compré un manteau finito (overcoat) que llevan muchas mujeres iraníes por 500,000 riales.  Sabia elección porque no me lo quite durante los once días que pase en el país y me ayudó a soportar el calor ya que lo llevaba encima de una camiseta de tirantes fina. Además esta prenda tuvo mucho que ver con que la mayoría de la gente me confundiera con una mujer iraní.

Paseos varios por Teherán

Más allá de las principales atracciones turísticas, se puede explorar la ciudad paseando y el metro es un gran aliado. Es fácil de usar y bastante cómodo aunque las señalizaciones están en farsi. Desde la estación de Ferdowsi tomé la línea 4 hasta Valiasr y desde ahí subí por la calle Valiasr Ave que estaba mucho más animada. Muy cerquita del metro está el famoso Teatro Shahr que acoge en un edificio circular al teatro más grande de Teherán abierto desde 1968. Por esta zona se ven muchos universitarios ya que la Universidad de Teherán y la de Amir Kabir están cerca. El ambiente es agradable y hay varios cafés al estilo occidental. Es una buena zona para pasear y tomarle el pulso a la ciudad.

Desde la estación de metro Meydan-e Valiasr se puede seguir andando por Keshavarz Blvd hasta el famoso Park-e Laleh. También recomiendo dar un paseo por la Taleqani Ave (desde la estación de metro de Taleqani) para visitar la antigua embajada Americana en Teherán. Aunque esta cerrada al público la mayor parte del año, se pueden ver los famosos murales que la rodean. En este edificio se escribió parte importante de la historia reciente de Irán y hay varias películas (como Argo dirigida por Ben Affleck) que rescatan este episodio de la historia del país.

Por la misma zona y siguiendo por Taleqani Ave podemos llegar hasta la calle Iranshahr. Subiendo esta pequeña calle llegaremos hasta el Parque de los Artistas o Park-e Honar Mandan que acoge el Foro de Artistas Iraníes. Merece la pena llegarse ya que acoge varias galerías de artistas iraníes con esculturas, cuadros y fotografías, así como dos cafeterías muy agradables con terrazas rodeadas de jardines.

Como comenté en otro de mis posts Teherán es una ciudad en la que no recomiendo pasar muchos días, a no ser que se tenga la oportunidad de descubrirla de la mano de iraníes que la conozcan bien. Tras dos días yo decidí seguir mi viaje hasta Isfahán, ciudad que me enamoraría por completo.