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El ‘mercado de los brujos’: hechizos, ‘polvos mágicos’ y divagaciones sobre el amor

Actualizado: 10 sept 2023


El Mercado de Sonora en la Ciudad de México, también conocido como el ‘mercado de los brujos’, es uno de los sitios más místicos y curiosos de la ciudad.


Algunos amigos me animan a visitarlo, asegurando que ‘es una parada obligatoria’. Otros me desaconsejan ir, ‘se mueven demasiadas energías’, ‘si vas sola, mejor por la mañana’. En mi mente, ya solo un pensamiento: ‘Tengo que experimentarlo’.


Un taxi destartalado me deja en la entrada del colorido mercado. El conductor, un chico joven y simpático, me aconseja antes de bajar del coche: ‘no te alejes de las zonas concurridas, puede ser peligroso’. Me lanza una sonrisa tranquilizadora y le doy las gracias.


Viajar es descubrir lugares interesantes, curiosos, y con suerte asombrosos. Sin duda, este promete serlo. Pero antes de contaros esta ‘experiencia’, permitidme compartir esta maravillosa y certera reflexión de la escritora mexicana Valeria Mata.


“Cuando hacemos turismo, hablamos de viajar para «tener más experiencias», para que nuestro yo tenga más peso. Pero puede buscarse lo contrario: que el viaje desestabilice al yo por ahondar en la extrañeza, que suponga la pérdida de los supuestos con los que nos movíamos con seguridad, un derrumbe de nuestros códigos. Creo que los viajes más trascendentes son aquellos donde el yo se confunde y se desorienta”


Touché.


Llevo menos de media hora recorriendo los laberínticos pasillos del mercado, y ya estoy pasmada. Aquí es relativamente fácil sentirse confundido y desorientado (tanto literal como metafóricamente). Hay brujas y chamanes que ofrecen sus servicios: rituales de santería africana, lecturas de tarot, vudú, limpias, amarres o sesiones de ouija. Puedes encontrar la cura o la solución a tus males o preocupaciones a través de rituales, conjuros o hechizos.


Camino entre ríos de personas, dejo atrás pasillos repletos de gallinas, pollos, cabritos, patos, conejos e iguanas, y me detengo frente a un puesto minúsculo que llama poderosamente mi atención. Está atestado de velas, jabones, pociones, lociones de feromonas, y sobre una mesa hay expuestas patas de liebre, pezuñas, lo que parecen ser colas de alacrán y un sinfín de tótems. A su lado, botes de miel, cáscaras de coco y algunas pieles disecadas.


Mis ojos deambulan nerviosos y siento cierto reparo a la hora de hacer lo que realmente deseo. Quiero quedarme mirando fijamente (y bien de cerca) este sin fin de objetos difíciles de categorizar para los no iniciados en las artes de la brujería. No lo hago, sigo de largo.


De repente me veo rodeada de todo tipo de productos que prometen atraer la abundancia o la prosperidad, ya sea en forma de dinero o de clientes para el negocio. También los hay que prometen ayudar a recuperar la salud, o a proteger el hogar de envidias y malos espíritus. Todo eso está muy bien, pero sigo caminando y mis sospechas se confirman…


El mayor reclamo en este mundo de la brujería y los hechizos, el producto estrella, es el amor. Y es que es difícil hablar de la magia sin hablar de Eros, el dios griego del amor y el deseo. ¿Acaso hay algo más mágico que el amor romántico? Ese que llega sin avisar, haciendo estallar nuestras certezas por los aires y dejándonos, a menudo, cara de tontos.


Me dirijo a otro puesto que ofrece, a las almas en pena, cientos de pequeños sobres con ‘polvos mágicos’. Son tan coloridos que entran por los ojos y los nombres no tienen desperdicio: ‘Atrapa hombres’, ‘Separa amantes’, y el mejor de todos ‘Amansa guapos’.


Parada frente a los sobres, solo se me ocurre pensar que a veces el amor se parece a una tela de araña que de repente nos atrapa en vez de ayudarnos a volar. Cuan perdidos estamos la mayor parte del tiempo en este juego del amor. Este mercado me lo confirma, andamos profundamente enredados en sus nudos.


Cuando nos enamoramos somos de hecho víctimas de un hechizo, tal vez del más poderoso que existe. Inventamos al otro, le damos forma conforme a nuestros anhelos. No vemos aún a quien se oculta bajo los pesados ropajes que colocamos sobre sus hombros. Magia hecha de pura química.


Sigo caminando y parece que aquí todo gira en torno a una cuestión fundamental: cómo salir victorioso o ileso del amor. Supongo que el lenguaje bélico no es casualidad. A menudo el amor se parece a un campo de minas invisibles a punto de estallar. Entonces la magia se convierte en una tabla de salvación a la que aferrarse. Como decía el escritor de viajes Naipaul ‘La magia, a veces, es una necesidad. Simplifica el mundo y lo hace seguro’.


Llego a un nuevo pasillo, camino entre muñecos de vudú, ollas de todos los tamaños, montañas de hierbas apiladas en el suelo, y muñecas negras de plástico y trajes vistosos que se utilizan en los rituales de santería. El olor del incienso crea una mezcla deliciosa junto con el de las plantas naturales. Siento que he retrocedido a una época muy lejana, pero al mismo tiempo, me parece que el mercado ofrece respuestas a un problema rabiosamente actual.


Sigo caminando y algo dentro de mí se apacigua. Me entran ganas de llevarme algún incienso que promete bendiciones. El olor es embriagador y oigo cantos de sirena… Me justifico, ‘¿acaso no es más difícil encontrar el amor hoy en día?’


En el mundo de las dating apps y los ‘amores líquidos’, como los describe el sociólogo polaco Zygmunt Bauman, no viene mal una ayuda extra. Resulta fácil, tentador y divertido transitar relaciones de manera lúdica y superficial, pero ¿no andamos sedientos de magia en un mundo que parece por momentos tan desencantado?


El otro día charlando con un amigo, nos lanzamos una pregunta: ¿seguimos creyendo en el amor romántico? Entre risas confesamos que albergamos serias dudas, aunque por momentos nuestras muecas se decantaban hacia un no categórico. Pero esa era la pregunta equivocada…


Más interesante resultó preguntarnos: ¿seguimos anhelando el amor? Ah, amigo mío. Los ojos le brillaron. Casi no hace falta pensarlo, un sí rotundo salta desde el pecho. Como dice Jack Kornfield ‘en el fondo de todas nuestras actividades hay una corriente de amor, un deseo de amor’.


En su ensayo ‘Todo sobre el amor’, la escritora feminista Bell Hooks, reflexiona sobre el concepto del amor. Afirma que actualmente la creencia de que es imposible encontrar el amor está extendida y que el cinismo (fruto de la desilusión) prevalece entre los adultos.


Hooks distingue entre los ‘vínculos del corazón’ (el cosquilleo por alguien que puede ocurrirnos con relativa frecuencia) y los ‘vínculos del alma’ (cuando dos personas se encuentran en un plano más profundo).


Afirma que el amor no es una fantasía, sino nuestra condición natural. Simplemente ponemos muy poca atención en el ‘arte de amar’. A los que han perdido toda la fe en el poder del amor, se les exige un acto de fe.


Touché.


¿Qué puedo decir? Visitar el Mercado de Sonora fue una experiencia asombrosa. Confieso que no hice ninguna compra, y aun así, salí de allí confiada. Si hay un ingrediente secreto para que la magia funcione ese ha de ser la esperanza, y yo aún creo en las fuerzas misteriosas que nos ordenan y en el amor que nos sostiene.


Así que, a falta de amuletos o pócimas, he aquí un conjuro propio. Lanzo estas palabras al universo como una invocación, un acto de fe.


Que los años no endurezcan mi corazón. Lo quiero blando y húmedo, listo para que los pájaros aniden en él y lo abandonen cuando quieran, libres como el viento.


Que permanezca abierto, como una canción que fluye al ritmo de la vida. Lo quiero al aire, con heridas abiertas, como fuentes generosas, que limpian y dan de beber.


Ayúdame a tener un corazón así. Uno valiente al derramarse una y otra vez. Déjame sentirlo, atravesado por la vida, y acunarlo entre mis manos.


Y cuando mi corazón esté listo, cuando haya creado espacio, entonces tráele hacia mí. Une nuestros caminos con hilos dorados de seda invisible.


En algún lugar, alguien respira. No le conozco aún, pero nos enamoraremos irremediablemente. Irrevocablemente.


Y será el amor más grande, el más salvaje, el más bello.


El que está por venir.



INSTRUCCIONES (+ Disclaimer):


Este conjuro solo funcionará con personas que han sufrido múltiples y variados desengaños, es decir, corazones llenos de remiendos. Habrá de ser recitado únicamente en noches de luna llena. Para máxima efectividad, también se ha de bailar la canción ‘Take On me’ de A-ha (a todo volumen y como si no hubiera un mañana). Abstenerse aquell@s que no estén dispuestos a enamorarse como si fuera la primera vez.

 

‘Qué difícil intentar salir ilesos de esta magia en la que nos hayamos presos'


- Joaquín Sabina



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