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Un refugio llamado Clarice

Carta Viajera - JULIO - 2023


Sobre cafeterías que son refugio, la búsqueda perpetúa de ‘síes’ y confiar en la vida


Estoy sentada en Clarice, hace un calor pegajoso y maldigo no haber elegido un vestido fresco para venir a sentarme y escribir. Clarice es una cafetería diminuta pero llena de encanto en la colonia Condesa de Ciudad de México, nombrada en honor a la escritora brasileña Clarice Lispector. Justo al entrar una frase de la escritora con unas preciosas letras doradas en relieve te da la bienvenida:


‘Todo en el mundo empezó con un sí’


Aquí vengo a escribir de manera periódica la mayoría de estas cartas. El lugar tiene estanterías altas repletas de tesoros, una selección de libros maravillosos, y sus puertas siempre están abiertas. Uno escucha el ritmo de la calle desde el interior.


Cuando estoy baja de ánimo o quiero concentrarme, cruzo el Parque México y me dirijo al Clarice. El café se paga a 4 euros, pero nunca falla, después de visitarlo todo está mejor.


Clarice tan solo cuenta con tres mesas redondas en su interior, muy pegadas unas a otras, y un único sofá de terciopelo suave y alargado pegado a la pared. Por eso siempre que me siento a escribir puedo escuchar las conversaciones de las personas que están sentadas en las otras mesas. Y este ha resultado ser un ejercicio de lo más curioso e inspirador.


A mi lado un hombre y una mujer hablan de la vida y de oportunidades de trabajo. Una conversación formal, pero en la que intercambian también información personal. El hombre de unos cincuenta años transmite alegría y serenidad. Dice ‘Todo es energía’, ‘Los planes de Dios son perfectos’. Ella, una mujer de unos cuarenta años que busca trabajo, responde, ‘Creo en mí, creo en Dios y en el universo’. El responde ‘A mí me ayudó mucho’. Hablan de tratos, contratos y porcentajes y luego de sus hijos, de danza africana y de Dios.


Me gusta como comparten pequeñas partes de cada uno, como van construyendo puentes, lugares de encuentro, saltando de un tema a otro. Nos pasamos la vida buscando ‘síes’, propios y ajenos. Síes en el trabajo, en el amor, en la amistad. Presentamos nuestra mejor versión, nos agarramos a nuestras potencialidades, soñamos y vendemos al prójimo lo que podríamos llegar a ser.

¿Acaso se puede seguir viviendo sin esa esperanza?


La vida es la búsqueda perpetua de los ´síes’, aunque con el paso de los años uno aprende que la mayoría de las veces se acumulan más ‘noes’ por el camino. Es parte del juego, parte de estar vivo. Y para mantener la cordura y la sonrisa en el rostro, imprescindible tatuarse a fuego las palabras que canta Rosalía.

‘Si no lo puedes tener, lo tendrás que soltar’. Sabiduría popular.


Hoy he vuelto al Clarice porque ayer recibí una ‘mala’ noticia. Tenía muchas esperanzas en un trabajo maravilloso dentro del sector de los viajes. De los viajes de película nunca mejor dicho. Pero la vida me lanzó un ‘no’. Y casi había olvidado como duele cuando uno tiene tanta ilusión por algo y simplemente no alcanza.


Cuando la vida te susurra ‘por ahí no’.


Uno se resiste, a veces patalea o llora a mares. Luego, simplemente toca seguir.


De nada sirve aferrarse a lo que no salió, a lo que falló, a lo que se perdió. Los años y la experiencia ayudan a recordar que la vida da muchas vueltas. Verdaderamente uno nunca sabe si la suerte de hoy es futura desgracia o si las malas noticias son suerte encubierta, las sonrisas del mañana.


Ante las negativas que nos lanza la vida, hay que recordar aquello de que ‘cada final es un comienzo encubierto’. Toca confiar en que así es.


Algunas cafeterías son lugares muy especiales y ahora entiendo eso de tener una a la que regresar una y otra vez. Un lugar en donde el tiempo parece detenerse, como en un hogar cálido y abierto.


Clarice se ha convertido en mi pequeño refugio en Ciudad de México y sentada hoy aquí de repente me siento más ligera. Mientras me termino el café, rodeada de libros, suelto lo que quería que fuera. Y sin darme cuenta me abro, de nuevo, a lo que vendrá.

 

‘La sabiduría humana se encierra por entero en estas dos palabras: ¡Confiar y esperar!’


Alejandro Dumas

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